
Capitulo 13: Pequeña vida en juego.
- CUIDADOOO!!!!- gritó Bill desesperado.
Pero el grito de Bill solo hizo que Osvaldito saliera corriendo recibiendo el impacto y el peso del auto sobre su pequeño cuerpo quedando en el piso tirado, con su pequeña cabeza sangrando, y el automovilista, huyó como una rata a toda velocidad.
El corazón de Bill se congeló, sus piernas se aflojaron y en sus pensamientos solo apareció una frase, "Llamen a una ambulancia!”. El pelinegro corrió junto al niño llorando desesperadamente por no saber que hacer; una señora de avanzada edad llamó desde su móvil a una ambulancia que vino a los pocos minutos. Bajaron unos médicos cargando al niño en la camilla ordenando a Bill que fuera con ellos.
En el trayecto al menor de los gemelos lo interrogaban respecto a información del niño, Bill le contó la historia por completo y le preguntó como debería adoptar al pequeño y el doctor le respondió que debería encontrar una pareja y cuando se disponía a continuar había llegado a la clínica.
Bill vió como se llevaban a su pequeño hijito, para él Osvaldito era esencial. En ese momento sintió como sus piernas de desvanecían, como sus ojos ardían de tanto llorar, como un frío recorría desde el dedo de su pie hasta su frente. Un pequeño mareo lo atacó y decidió sentarse afuera y tomar aire, en un macetero, miró el teléfono público y un viento leve refresco su rostro.
- Vamos Tom - susurraba el pelinegro con el tubo del teléfono en la mano - atendé por favor.
- Hallo? - se escuchó del otro lado de la línea. Bill se quedó unos segundos callados recordó la trompada cuando apoyó su mano en su labio y su corazón se sintió lastimado, pero Osvaldito ahora era lo que importaba - Hallo? - repitió el de rastas.
- Tomy, escúchame - susurró Bill con un nudo en la garganta, a punto de romper en llanto desesperante, pero su gemelo lo interrumpió.
- Bill!! Donde estás??!! Perdóname por favor, volvé por favor- decía el mayor hablando rápido.
- Tom ven al hospital, ven sin mamá. Ven a la clínica internacional por favor - el pelinegro ya había roto en ochenta mil lagrimas - a Osvaldito lo atropellaron por favor veni.
Y cortó, se secó las lagrimas, respiró hondo y se sentó en el suelo agarrandose la cabeza preguntándose porque le arrebataban a ese nene, tanto había sufrido desde que sus papas se murieron y había vivido en la calle. Bill estaba empezando a comprobar lo injusta que era muchas veces la vida. Entró a la clínica, y preguntó a donde se habían llevado al niño, una enfermera le indicó el lugar y se sentó en las banquetas de la sala de espera.
Cuando estaba quedándose dormido escuchó la voz de Tom en su oído y lo abrazo fuerte, el de rastas le pidió disculpas y él se las acepto. Cuando abrió los ojos para secarse las lágrimas vió a Simone entrando por la puerta principal. Sintió como la ira se apoderaba de él, el dolor y el resentimiento.
- Que haces acá? Hija de puta!!! - gritó Bill abalanzándosele - mi hijo está así, acá por tu culpa!! Por tu insensibilidad!
- NO es tu hijo, no entendes eso? - dijo la madre desafiándolo - ese nene es de la calle no les pertenece.
- Mama va a ser mejor que te vayas - añadió el de rastas poniéndose en el medio – Bill está alterándose.
- Y A MI QUE? - gritó el menor - para mi es mi hijo, yo lo quiero conmigo!
- Vos tenés que tener hijos propios Bill! - insistió Simone.
- No no quiero, ni puedo porque para mi Osvaldito es mi hijo, te guste o no lo voy a adoptar legalmente! - Bill sintió una puntada en el corazón pero no le dió bolilla. Su madre parecía dispuesta a desafiarlo, a convencerlo que no debía quedarse con ese niño.
- No queres? no podes? – Preguntó en tonito irónico – sos un homosexual resentido?!
El corazón de Bill se detuvo, sintió como un escalofrío recorría su cuerpo, las palabras de su madre estaban dejándolo sin aliento, llevó la mano a su pecho agarrandose fuerte empezando a ver borroso, nublado hasta ver solo una oscuridad.
Media hora más tarde Tom estaba junto al pelinegro que lentamente abrió los ojos.
- Tranquilo amor – dijo el de rastas besándolo tiernamente – tuviste un ataque al corazón no te esfuerces, mamá se fue.
- Ni me la nombres por favor – interrumpió el menor y los ojos se le llenaban de lágrimas – cuanto tiempo llevo acá? Osvaldito como está?
- Llevas casi media hora amor y de Osvaldito aún no se nada – Tom hizo una mueca de duda y respiró hondo – quiero adoptarlo con vos.
Bill sonrió ampliamente, y levantó una ceja – realmente querés que seamos sus papases? – preguntó el menor.
- Si mi amor, quiero que seamos sus papas, no papases bestia – rió abrazándolo – ay perdón te apreté fuerte!
Bill tomó el rostro de su gemelo besándolo apasionadamente, sintiendo como de sus ojos salían unas lágrimas de emoción. Pero una médica entró y los sorprendió se quedó un poco congelada, al verlos besándose y ser tan parecidos pero no dijo nada.
- Alguno de ustedes es el responsable del niño? – preguntó la doctora, y los gemelos se separaron. Bill iba a decir yo, pero Tom lo sorprendió.
- Sí los dos – respondió el de rastas.
- Siento mucho no traerles la mejor noticia – agregó la médica, y en los ojos de Bill nuevas lágrimas de dolor comenzaban a asomarse.



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