
Capitulo 22: Un error de Bill?
- Qué Bill? – Preguntó confundida la maquilladora, no había alcanzado a escuchar con claridad – me pareció que dijiste…
Pero el pelinegro al darse cuenta del grave error que había cometido, la apretó aún más fuerte y la giró dejándola a ella abajo mirándola detenidamente.
- “Olvídate de Tom” – se dijo para sus adentros y empezó a besarla con un grado de violencia que a la maquilladora la excitaba. La mujer solo se estaba dejando poseer no podía creer que todo le resultara más fácil de lo que pensaba.
- Bill, espera… - dijo la rubia acomodándose un poco – yo no me cuido.
El pelinegro automáticamente abrió el cajón de la mesita de luz y sacó un profiláctico, la miro sonriendo cómplice, y volvió a besarla.
Ella le rodeó la delgada cintura con sus piernas y él marco una secuencia de besos desde su boca, pasando por su cuello hasta llegar a su pecho. Con poca sutileza le arrancó la ropa interior y en ese momento se dio cuenta que su cuerpo era tan diferente al de Tom que ni siquiera imaginándolo iba a poder. Respiró hondo, cerró los ojos y se deshizo de su boxer. Ella le apuró el paso acomodándose y a los minutos sin darse cuenta entraba y salía del cuerpo de la que ahora era su mujer.
Ella clavó sus uñas en su espalda aferrandose como si se le fuera a escapar. El pelinegro jamás había estado con una mujer y si bien era su primera vez con una, la sensación que estaba causándole no lo llenaba por completo como lo hacia su gemelo con tan solo una caricia. Sin poder más se despegó de su cuerpo tapándose con la blanca sabana y le dio la espalda tapándose la cara con las manos.
- Bill? Qué pasó? – preguntó ella entre enojada y desconcertada – ibas muy bien.
- Tengo sueño – respondió quedándose callado aguantándose las ganas de llorar con un nudo en la garganta y sin mirarla a la cara dándole la espalda toda la noche. Ella se levantó furiosa y fue al baño, a los pocos segundos el sonido de la ducha se escuchó desde la habitación.
- “Que carajo hice?!” – Susurró y una lágrima corrió por su mejilla – soy un estúpido, Tomy no me jugó tan sucio, ahora no voy a tener cara, no voy a poder volver a mirarlo a los ojos. Voy a cargar con este peso en la conciencia toda mi vida – Se levantó se vistió, se puso un gorro negro y salió. Natalie cuando volvió, y no lo vio acostado casi muere de un ataque de histeria, respiró hondo y sonrío triunfante sacándose la toalla que traía en la cabeza. Se dirigió al placard y estiró la mano. De arriba del mueble sacó una cámara, le dio play y ahí había filmado la noche de bodas, la mejor escena sexual de su vida y encima con Bill Kaulitz estaba enteramente filmada.
- Ay Tom Tom, vamos a ver quien se queda con tu hermanito después de esto – se dijo a si misma riéndose, hasta que la sonrisa se borró y escondió la cámara en su cartera – donde te metiste pendejo de mierda?
Bill caminaba sin rumbo con una culpa enorme, una llovizna molesta y fría humedecía su cara, y el viento congelaba su nariz y lo hacia emitir aun mas lagrimas.
Cruzó la oscura plaza de la ciudad y un callejero lo miró extrañado tal vez lo había reconocido, miró a ambos lados de la calle solitaria y cruzo dirigiéndose a un kiosquito a comprar sus benditas gomitas, algo tenía que calmarle sus nervios.
Pero se frenó, ya que un muchacho de rastas rubias y ropa enorme pedía cigarrillos en ese lugar. Cuando el joven giró lo miró y otra lágrima corrió por su mejilla.
- Bill que haces acá? – Preguntó Tom quebrado – hace frío, es tarde, estás casi sin abrigarte y no…
Pero el pelinegro ante la culpa que cargaba lo abrazo rompiendo a llorar desesperadamente.
- Lo siento, siento haberte hablado así – añadió tartamudeando – te perdono tus mentiras, perdóname Tomy.
- Yo no te mentí – agregó el mayor un poco desilusionado – estás bien? Que haces afuera en tu noche de bodas?
Pero esa pregunta lo destrozó en mil pedazos, lo hizo sentir la peor basura y lo único que se le ocurrió hacer en ese momento fue besarlo, tomar a Tom, demostrarle que no le importaban los demás o “hacer el ridículo” como había dicho esa mañana.
El de rastas aún dolido se dejó llevar para saciar esa sed de esos benditos labios y lo apretó fuerte contra su cuerpo. Bill apoyó sus manos en el pecho del mayor, mientras que el de rastas con una mano en su nuca lo pegaba más a él. Un fuerte trueno hizo que se separaran de su apasionado beso y comenzó a llover lentamente.
- Bill vete a casa hace frío, esta lloviendo y mira como estás – añadió el de rastas sacándose su buzo y colocándoselo. Cuando le acomodó el pelo vio una marca en el cuello de su gemelo – em , que tenés ahí?
- Donde? – Preguntó el menor tocándose el cuello y como flashbacks todas las escenas eróticas con la maquilladora le vinieron a la cabeza – Lo siento mucho.
Esas fueron las últimas palabras hasta que saliera corriendo y dejara a Tom desconcertado en medio de la calle, solo con frío sin entender nada de nada.
- Que pendejo choto, se me fue – se dijo a si mismo el de rastas – la cocha de la lora mis cigarrillos estaban en el bolsillo del buzo. Me cago en el día de hoy, solo tuve tu beso y lo hizo un poco más… ummm... le dio mas vida, pero esa marca te la hizo ella – pensó para sus adentros Tom – No creo que te hayas acostado con ella, de eso estoy seguro , te conozco y se que si no es por amor no haces nada, al menos me queda esa tranquilidad.
Pero Tom se equivocaba, y demasiado. Al fin y al cabo el inocente y bueno de la historia esta vez era él.
A la mañana siguiente, el despertador sonó avisando que hoy era el alta de Osvaldito. Bill despertó en el sillón, no quería volver a tocar a la rubia y para colmo había soñado con su gemelo y se había despertado algo abatido.
- Que hago con la mano adentro del pantalón? – pensó sonriendo como un tarado.
- Buen día mi amor – saludó la rubia bajando las escaleras – como dormiste?
- Buen día – respondió el pelinegro y subió en dirección al baño ignorándola.
Tres horas más tarde Bill ya listo estaba frente al espejo arreglándose.
- Dale mi amor! Queres que te maquille? – preguntó la rubia insistente apurándolo.
- No! Ya te dije que puedo solo, además ya casi termino – resopló molesto.
A los 15 minutos, los gemelos, la mujer del menor y la madre acompañada de su esposo estaban en el hospital, hasta que el niño salió en muletas con su piernita derecha enseyada. Bill corrió emocionado a abrazarlo y le mostró unos papeles.
- Adivina que es esto? – Preguntó sonriéndole – este es tu regalo de alta…adivina que es!
- Ay no se! – Respondió nervioso el nene – qué es?
- Son los papeles de la adopción! Ya soy tu papá! – lo abrazó fuerte regalándole la mejor de la sonrisas, pero el nene vió como en los ojos de Tom, que estaba parado viéndolos se asomaba una lágrima. Osvaldito lo separó lentamente y se puso a llorar.
- Yo quería que mi papá fueran los dos – el nene miró al piso abatido – no ella! – gritó llorando señalándola.
- Tranquilo… - le susurró Bill tratando de calmarlo, y Tom no aguanto y corrió a abrazar al nene que se le pegó como chicle.
- Papi…quiero que los dos sean mis papas – lloró el nene en el pecho de Tom.
Simone se emocionó, Gordon no entendió mucho y la maquilladora le pareció una escena completamente aburrida así que bostezó y tomó una revista.
Bill abrazó al nene rozando la cara de Tom con sus cabellos. Los gemelos se miraron llorosos, y no pudieron evitar juntar sus labios olvidándose de la gente de su alrededor.
Osvaldito le sonrió triunfante a Natalie quedando en el medio de ese romántico beso.



No hay comentarios:
Publicar un comentario