sábado, 14 de marzo de 2009

Capitulo 25: El juramento de los gemelos.

- Papi no me asustes estás ahí? – repetía el niño desesperado y asustado – contestame!!
- Conchudo la puta que te parió!! – gritó Tom – Osvaldito te llamo después un hijo de re mil puta me choco el culo, el culo del auto!
- Bueno papi, no le pegues al señor que te choco si? – rió el nene – no uses la violencia!
- Mujer tenia que ser! – Murmuró el de rastas al otro lado del teléfono – después te llamo. Besito mi vida, te amo mucho.
El nene se alivio ante esto pero no podía dejar que sus padres se amigaran, se pelearan, desconfiaran mutuamente y aunque no sabían que era lo que pasaba estaba seguro que Natalie tenia mucho que ver en esto. Esa noche durmió con Bill ya que la maquilladora no llegaba. El pelinegro no pudo pegar un ojo, sus ojos enrojecidos por el llanto no descansaban, su mente tampoco le trabajaba al mil por hora y se culpaba por no seguir a su corazón antes, por no haber confiado de Tom. Ahora se daba cuenta de que su gemelo jamás le podría mentir, y su desconfianza por la rubia crecía a cada segundo. Recordó cuando Tom le dijo que había querido matar a Osvaldito y lo abrazó fuerte pegándolo a su cuerpo con posesión por miedo a perderlo.
El de rastas llego a su casa, ya estaba silenciosa y había llegado a un trato con la mujer que lo chocó. La señora le pagaría los gastos sin denuncias policiales. Entro y la soledad de la casa le dio muchísima melancolía, acaso esta vez el despreciaba a su hermano?
Él sabía a la perfección lo que era sufrir la desconfianza y si bien sabia que su hermano lo amaba y todo… no podía perdonar ese acto.
Cada uno, en su habitación…Bill en su casa y Tom en la de su madre miraron a la ventana como si del otro lado su hermano le dedicara una lágrima. Los dos sentados dolidos, culpables y victimas a la misma vez se sentían muy mal, confundidos por tantos mal entendidos, tanto dolor, y una misma persona en el medio: Natalie.
Ninguno de los dos durmió, Tom amaneció con un mal humor tremendo y Bill preparó el desayuno para el nene muy temprano. Se sorprendió que su mujer no haya dejado ni un rastro de donde estaba.
Después de poner la mesa para desayunar junto a su hijo, su teléfono móvil sonó tres veces, un mensaje de texto de Tom:
“No se que gano con esto, no tengo la más pálida idea, pero a diferencia tuya sigo mi corazón. Te espero para almorzar con Osvaldito, tenemos mucho que hablar. Besito. Tom”
- Te faltó decirme te amo – murmuró el pelinegro corriendo otraaa lagrima mas por su mejilla- puta madre me arden los ojos.
Corrió por las escaleras, un poco de felicidad sentía, al menos Tom quería hablar. Despertó a Osvaldito para darle el desayuno, se sentó junto a él y le contó que su gemelo al menos quería hablar y que los esperaba en casa de Simone para la hora del almuerzo. Gordon estaría trabajando y su madre saldría temprano de compras por el centro.
La mañana pasó rápido para todos, Bill salió con su hijo camino a casa de Tom, iban a pie cuando alguien los seguía. El niño giro y no vio a nadie, pero detrás de un árbol Natalie toda sucia, con ojeras y despeinada los estaba mirando desafiante. Su mirada se notaba algo ida perdida en un mundo en el que solo ella tenía acceso.
Seis veces tocó el timbre el impaciente niño ya que el sonido le agradaba mucho hasta que el de rastas, con cara de cansado sin dormir les abrió la puerta invitándolos a pasar.
Tom tomó a Bill de la mano retrocediéndolo. Y Osvaldito siguió avanzando hacia la cocina.
- Aunque esté enojado, dolido, decepcionado…aunque la odie y la envidie con toda mi alma – susurró Tom- yo te amo.
- No tenés nada que envidiarle, mi corazón es tuyo – Bill tartamudeo a punto de llorar – eso solo fue… nada algo sin sentimiento.
- Aunque nunca pueda perdonártelo… - susurró Tom, pero en seguida con una mano en la cintura de su gemelo lo pego a él, y con la otra acarició su suave cabello fusionando sus labios con intensidad. El corazón de Bill cobró vida, la cabeza de Tom olvido esas horrendas escenas del video con la maquilladora y sus lenguas se entrelazaron volviendo a sentir de nuevo la calidez y la suavidad de estar unidos.
- Júrenme que nunca se van a separar – sonrió Osvaldito espiándolos desde el otro lado del living.
Los gemelos se separaron, mirándose confundidos y enamorados al mismo tiempo. Muchas peleas enfrentaron en sus diecinueve años, muchas dificultades y locuras que más daba? Estrecharon sus manos, apretándose fuerte.
- Te jura, acá yo papá Tom – el pelinegro soltó una carcajada ante la seriedad de el de rastas – que nunca mas voy a pelear, ni desconfiar de papá Bill. Es mas le perdono todo todo- volvió a besarlo hasta sonrojarlo por la falta de aire.
- Em… - suspiró el menor – yo también juro confiar en papa Tom, no lastimarlo mas haciendo pelotudeses y amarlo cada día más. Pero tengo que darles una noticia!
- Voy a tener un hermanito? – saltó el nene emocionado –o hermanita?
Los gemelos se tentaron de la risa – no mi amor – rió Bill.
- No creo que se pueda, al menos ahora – sonrió el de rastas.
- La noticia es que voy a obligar a Natalie a que me de el divorcio – el mayor de los gemelos y el niño se dedicaron mutuamente una amplia sonrisa – me equivoque mucho con esa mujer.
Tom inconcientemente lo apretó contra el besándolo otra vez con brutalidad.
- Mi nariz! – gritó el pelinegro pegándole de mentiritas.
- Aaaaaa al fin esa trola!!! Ahora tendré de verdad dos papas! – Osvaldito corrió saltando sobre ambos muchachos.
- Quien te enseñó esa mala palabra? – preguntó el menor haciéndose el molesto. Y Tom silbó disimulando notoriamente – Toooom! Fuiste vos?
Los tres se rieron hasta que el timbre interrumpió ese familiar momento.
- Yo voy- dijo Osvaldito.
- Llegas al picaporte? – pregunto Tom irónicamente riéndose.
Cuando el niño abrió la puerta la maquilladora entró como si la llevara el diablo.
- Me voy de la casa Bill – dijo entrecortadamente en voz alta- queres el divorcio te doy el divorcio.
- Perfecto – agregó valiente el pelinegro.
- Pero la tenencia de Osvaldito la quiero – el nene al oír esto corrió y se paro detrás de Tom – no te olvides que al casarte conmigo estás compartiéndola con tu mujer, por ende es mi hijo.
- No sos mi mama! – grito el pequeño – mis papas son ellos dos!
La maquilladora automáticamente le pegó una bofetada al nene, cosa que dejó inmóviles a ambos gemelos.
- Te odio mocoso de porquería – murmuró la rubia.

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