Capitulo 31: Celda de castigoEl miedo se apoderaba de muchos de los detenidos que veían atentamente ese cuchillo cerca del abdomen del de rastas. Bill por su parte se echó hacia atrás, tomando al indefenso Charly temiendo lo que podría suceder.
El filo del cuchillo resplandecía gracias al sol una luz que cegaba a todos, y de una patada uno de los presos que defendía a Tom, hizo que el elemento cortante fuera despedido aprovechando para que el mayor de los gemelos lo tirara nocado al piso de una trompada.
Una pelea se desencadenó sin límites, todos peleando salvajemente como animales sin frenos, un todos contra todos. Cuatro policías equipados entraron en fila tomando a los detenidos "supuestamente culpables del alboroto" entre ellos: Tom y dos amigos de Bala.
Bala, este tipo asqueroso, por su parte se hizo el lastimado e inocente y lo mandaron a la enfermería, mientras que Tom y dos más fueron encerrados en las celdas de castigo a pan y agua un día completo.
Bill ante eso lo primero que se le pasó por la cabeza fue como pasar la noche solo? sin su hermano mientras el estaría un día entero ahí…pero algo tenía que ocurrírsele. Charly lo agarró del brazo cuando vio como lágrimas escapaban de sus ya cansados ojos y lo llevó a dentro de los pabellones.
- Se lo llevaron injustamente a Tomy, todo en esta trola vida es injusto - murmuró dolido el pelinegro - no voy a resistir pensar que este solo ahí, no podré dormir sin tener su calorcito junto a mi al menos un segundo.
Charly apoyó la espalda contra las rejas de su celda, y Bill le contó su historia completa al muchacho. La confianza que habían ganado en pocos días era increíble. El gran corazón de Charly era placentero y amigo de Bill.
- Se nota lo inseparables que son - le sonrió su amigo - se nota el gran amor mutuo que se tienen.
Bill sintió como mariposas invadían su estomago, olvidándose de la tristeza por un instante. Se recostó en su cama suspirando llevando su mano a su cara sonriendo embobadísimo.
- Es- es mi todo - suspiró atontado - nunca me enamore así, ni volverá a pasarme. Quiero estar para siempre con tom… - Bill cerró sus ojos recordando ese fuego de tener a su hermano pegado a él, uniéndose formando uno solo hasta que se quedó profundamente dormido.
En sueños repasaba ese momento único…sí definitivamente era distinto, la combinación de dolor y amor que conllevaban a un placer incontrolable y especial.
Cuando despertó su cama vacía, la noche estaba helada realmente hacia mucho frío. Se sentó imaginando como estaría el de rastas solo encerrado y su corazón se destrozó. Sigilosamente miró para ver que por el camino directo a las celdas de castigo no hubiera policías, y sin hacer ruido abrió su celda.
- Bill – susurró Charly – donde vas?
- Me asustaste – respondió el pelinegro sobresaltando del susto – iré a ver a Tomy, me haces de campana por favor?
- Claro ve, si veo que alguien se acerca iré detrás de vos rápido…confía en mi estaré al pie de las escaleras como una estatua – le sonrío su compañero y Bill continuó su camino.
Bajó unas pequeñas escaleras donde había cuatro celdas de castigo como saber donde estaba su gemelo? Si se equivocaba y lo delataban? No podía mandarse directo sin saber.
Cerró sus ojos y evitó dejar escapar una lágrima. Llevó su mano a la altura de su corazón y de forma guiada por sus sentimientos se paró junto a la segunda puerta.
- Tomy – susurró nervioso- mi amor…
- Bill? – preguntó el mayor asustado viendo através de una ranura donde se veía solo hasta su nariz – mi amor que haces acá? Te pueden ver.
- Esta Charly al final de la escalera, no te preocupes él hace de campana, te amo Tomy no dormiré sin vos – añadió dolido – hasta acá dentro todo es injusto.
- No te preocupes mi amor, mañana me sacan, además mañana viene de visitas mamá nos traerá cosas y probablemente comida – dijo desviando el tema Tom.
- Tenes hambre? – Sonrió el menor – tengo gomitas – agregó sacándolas de sus bolsillos.
- Y eso? – rió en voz baja el mayor.
- La directora me las consiguió, en vez de cigarrillos pedí de estas – respondió pasándoselas por la ranura. El de rastas acaricio su mano como pudo. Y se miraron al fin y al cabo estaban juntos.
- Bill acerca tu boca a la ranura – susurró el de rastas. Su gemelo le obedeció y costosamente unieron sus labios es un pequeño y tierno beso.
- Te amo – dijeron al mismo tiempo enamorados – mañana saldrás y te daré… mmm … - rió Bill pícaro.
- No me hagas desear mala persona – murmuró gracioso Tom – ve mi amor, gracias por arriesgarte ve a descansar, estaré bien y mañana dormimos juntitos es solo una noche, una mala noche.
Bill le dio un pico, y se levantó despidiéndose con una sonrisa. Pero al llegar al final de la escalera Charly no estaba. Miro a ambos lados y sintió como algo oprimía su boca impidiéndole gritar.
Unas manos apretaron sus brazos empujándolo violentamente hacia el baño. Al entrar sintió como le ataban sus manos y le impedían gritar poniendo en su boca un pañuelo rojo sangre. La desesperación se apoderaba de él, de su conciencia, de su alma y su corazón estaba apunto de salírsele de su interior.
Un rostro maldito lo miró a los ojos. Bala lo miraba mientras se desnudaba.
- Todo llega Bill Kaulitz – murmuró el tipo bajándose los pantalones – las tenes que pagar y yo tengo que dis-fru-tar. El pelinegro intentó pararse mientras el tipo se sacaba los zapatos y la camisa del uniforme, pero le dio una patada en la pierna que lo dejó sin caminar rompiendo a llorar desesperado. Aunque Bill tratara de soltar sus brazos, Bala lo había amarrado demasiado fuerte.
- Esto te pasa por andar de Romeo en las noches – le susurró en el oído mientras le bajaba los pantalones. El menor de los gemelos hizo un gesto de desagrado y le dio una patada, cosa que enfureció más a Bala y lo tomó fuerte de la cara.
- No te pases pendejo, y quédate quietito – le dijo en voz tan baja que Bill sintió su asqueroso aliento sobre su cara. El tipo, lo puso boca abajo mientras el chico rompía a llorar por la desesperación de no poder gritar. Bala le bajó los calzoncillos dejando al descubierto su perfecto trasero y le levantó un poco la remera mientras acariciaba suciamente su espalda. El pelinegro por el esfuerzo de pedir ayuda estaba completamente sin aire, al rojo vivo.
Sin dudarlo más, el asqueroso tipo empezó a entrar y salir de él violentamente haciendo que los sonidos de ira y dolor brotaran del Kaulitz menor sin medida. A cada embestida Bill lloraba por el dolor y el asco que sentía en ese momento, sensaciones que estaban arruinando su vida para siempre.



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